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El vertedero transgénico y hormonado ha llegado a su cocina: Food INC.

18 de diciembre de 2012 Deja un comentario Go to comments

Otra muestra más del engaño al que estamos sometidos lo encontramos en la industria alimenticia. Siguiendo el hilo argumentativo del documental Food INC. , queremos desenmascarar la gran estafa que representa la industria de la alimentación en EEUU, y que bien puede servirnos como ejemplo de lo que ocurre a nivel mundial.

En la actualidad, un supermercado en EEUU tiene una media de 47.000 productos, presentes durante todas las épocas del año, ya sean o no de temporada, con una creciente tendencia a ocultar o dificultar el conocimiento acerca de la procedencia de los mismos, quizás porque si la conociésemos, posiblemente no los consumiríamos.

En los últimos 50 años, nuestra alimentación y la forma de producir los alimentos que consumimos ha cambiado más que en el resto de nuestra existencia, y no de forma casual. Nuestras granjas y cultivos tradicionales han sido sustituidos por fábricas. La carne está siendo producida por grandes corporaciones que poco tienen que ver con los granjeros y ganaderos de antaño. Unas pocas multinacionales se han hecho con el control de la industria de la alimentación, desde la semilla hasta el producto final que se vende en el supermercado.

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El sistema de producción de la industria de la alimentación, es un sistema intensivo, cuyos orígenes coinciden con el nacimiento de la comida rápida. En los años 30, comienzan a surgir los restaurantes de comida rápida en EEUU, siendo los más populares los de los hermanos McDonald. Sustituyeron sus archiconocidos restaurantes con camareras que te servían la comida en tu propio coche, por un sistema de producción intensiva y mecanizada, reduciendo costes, y simplificando el modelo de negocio. En definitiva, trasladaron el sistema de producción de una fábrica a la cocina. Ello inevitablemente produjo sus primeras consecuencias. McDonald´s se convirtió en el mayor comprador de carne de vacuno de  EEUU, y uno de los primeros de cerdo, pollo o verduras, siendo su objetivo que la carne o la verdura sepa exactamente igual en Ohio que en California, y provocando que las grandes compañías produzcan en masa los productos que demandan empresas como Mcdonald´s.

En 1970, las 5 principales compañías de la industria cárnica controlaban el 25% del mercado. Actualmente, las 4 principales compañías controlan más del 80%. Los pollos, por ejemplo, se sacrifican en la mitad de tiempo que hace 50 años, siendo el doble de grandes, y rediseñándolos genéticamente para que tengan más pechuga, pues es la parte de pollo que más demanda el consumidor. Estos pollos se crían en grandes naves a oscuras, sin ventilación natural, y hacinados sin posibilidad de movimiento. Sus huesos y órganos vitales no pueden crecer a la misma velocidad que su cuerpo hormonado genéticamente, por lo que sus huesos se parten, al ser incapaces de soportar su propio peso. Estos animales son atiborrados de antibióticos a través de los piensos que ingieren, con el objeto de que soporten multitud de bacterias como consecuencia del hacinamiento al que están sometidos, pero las bacterias se hacen resistentes, y los antibióticos dejan de hacerles efecto, por lo que miles de aves enferman, sacrificándose aves enfermas y sanas, y trasladándose esos productos al consumidor final. Las compañías tienen sometidos a los criadores de aves, obligándoles a modernizar maquinaria y equipos de trabajo, so pena de no renovar sus contratos, haciéndoles esclavos de las condiciones que ellos imponen.

Syringe needles pushed into tomatoes

Un ejemplo de la locura y codicia de estas grandes compañías, y del engaño al que estamos sometidos lo encontramos en el maíz. Actualmente, el 30% de la superficie cultivable en EEUU se dedica a la plantación de este cereal. Y ello se debe a una política incentivada por el gobierno estadounidense que permite producir el maíz a un coste menor, motivado por los intereses de las grandes empresas del sector de la alimentación. Por tanto, no se produce el maíz en función de las necesidades del consumidor, sino que se llega al absurdo intencionado de producir ese excedente, para luego buscar las aplicaciones de consumo. En EEUU, el 90% de los más de 47.000 productos que encuentras en un supermercado, contienen maíz a través de diversas sustancias (maltodextrina, ácido ascórbico, goma xantana…). El maíz también se utiliza para alimentar a los animales, e incluso como pienso para peces de piscifactorías.

A través de numerosos estudios científicos, se ha demostrado que el alto consumo de maíz de las vacas ha generado la propagación de la bacteria E-coli en estos animales, provocando cientos de miles de intoxicaciones, y miles de muertes. Como consecuencia de estos fallecimientos, familiares de las víctimas interpusieron demandas que reclamaban el cierre de plantas que produjesen repetidamente carne contaminada. El Tribunal Supremo norteamericano llegó a la conclusión de que el Departamento de Agricultura no tenía potestad para cerrar dichas plantas, por lo que se redactó la ley Kevin, con el objeto de que dicha potestad estuviese en manos del gobierno, y no de las grandes multinacionales de la industria alimenticia. Hasta la fecha, dicha ley sigue a la espera de su aprobación, lo que muestra el control y poder que tienen estas multinacionales.transgenicos2

Lejos de proteger la calidad del producto y la salud de los consumidores, o de promover que las vacas consuman hierba en lugar de maíz, la solución de compañías como  Beef Products INC. (la mayor productora de carne de vacuno de EEUU) para  acabar con la bacteria E-coli no es otra que rociar a las vacas sacrificadas con amoniaco, con el objeto de destruir dicha bacteria, y obviando la toxicidad que tiene este producto químico para el consumo humano.

Y si hablamos de manipulación alimenticia, es imposible no mencionar a una de las empresas más deplorables de la historia de la humanidad, y de la que ya hemos hablado en artículos anteriores: Monsanto, la compañía nº 1 en producción de semillas modificadas genéticamente, y en productos químicos como herbicidas o pesticidas. Si en 1996, tan sólo el 2% de la soja de EEUU estaba modificada genéticamente para soportar el potente herbicida Roundup (perteneciente también a la empresa Monsanto), actualmente el 90% de la soja norteamericana está modificada genéticamente a través de la patente de Monsanto. Como podéis comprobar, el primer eslabón de la cadena alimenticia tampoco escapa al control de las grandes empresas de la industria de la alimentación.

Los trabajadores tampoco se salvan de la codicia estas compañías. Smithfield, la mayor empresa de EEUU en la producción de carne de vacuno, apuesta por contratar a inmigrantes ilegales mexicanos. Más de un millón y medio de agricultores mexicanos perdieron su empleo en los últimos años debido a la política agresiva de precios del maíz del gobierno norteamericano, viéndose obligados a emigrar a EEUU, muchos de ellos de forma ilegal. A menudo, estos trabajadores son contratados por compañías como Smithfield o IBP, para trabajar en sus fábricas en condiciones infrahumanas, con salarios indecentes, y sin derechos laborales de ningún tipo. El gobierno estadounidense ha hecho la vista gorda con la contratación de inmigrantes ilegales en los últimos 20 años. Actualmente, y debido a la crisis económica, hay una creciente animadversión por este colectivo, por lo que el gobierno norteamericano, en lugar de sancionar a estas empresas por vulnerar las más elementales condiciones laborales, ha iniciado una campaña de persecución contra los inmigrantes, que son deportados de forma “controlada”, tras más de 20 años de trabajo, esfuerzo y sacrificio al servicio de estas alimañas.

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Como veis, éstas son las prácticas habituales de estas gigantes alimentarias. Nos manipulan, engañan y hacen enfermar a través de la basura alimenticia que nos venden las grandes superficies comerciales, por lo que, sólo nos queda abogar por un cambio en nuestros hábitos alimenticios, promoviendo un consumo responsable y saludable de los alimentos que ingerimos, apostando por una agricultura y ganadería ecológica, concienciada con los derechos de los trabajadores y los animales, respetuosa con el medio ambiente, y desprovista de la utilización de fertilizantes, herbicidas, hormonas de crecimiento o modificaciones genéticas que no hacen más que perpetuar un sistema podrido desde su raíz, con el objeto de hacernos enfermar o mantenernos insanos, para que no pensemos, luchemos o actuemos, que es lo que pretenden conseguir. Sólo desde el plano individual podemos promover un verdadero cambio a nivel global, y mientras eso no ocurra, nosotros seguiremos “tirando del hilo”.

A continuación, os dejo el link del interesantísimo documental Food INC, donde se explica detalladamente todo lo que os he resumido en este artículo:

¡Saludos hilarantes!

Txemosky

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